jueves, 14 de diciembre de 2006

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Usted, frente a la injusticia, a veces siente una extraña sensación; algo similar a la ira junto con un extraño impulso por renegar de toda convención social en cuanto a cómo hacer justicia y, en el nombre de esta, piensa –más bien fantasea- en aplicar con sus propias manos el castigo que a usted tantas cosas le produce.

Cuando le suceden estas cosas es porque el fascismo actúa en usted; algo así como una pequeña máquina en su interior capaz de desactivar gran parte de sus ideas demócratas y de respeto hacia los otros, volviéndolo tan “perverso” y “malvado” como aquello que odia, aunque en realidad, lo que se piensa que sucede es que usted aplica las mismas técnicas de odio y represión de quienes adhieren a ideologías totalitarias.

Una parte de las ideas demócratas es el poder confiar en un sistema de justicia que resolverá todo tipo de conflictos (conflictos acordados como tales) y que de alguna manera devolverán las cosas a su justa medida.
Cierto, se podría relativizar el ideal de justicia, pero a lo que apunta este post, es a las formas de hacer justicia, entendiendo que estas se llevan a cabo en lugares donde pre-existen ciertas reglas de juego.

De estas “pequeñas” cosas es de lo que trata este blog que recién comienza, inspirado en el fascista que nos ha dejado este “pequeño” legado.

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